Me encanta mi ciudad. Es la ciudad donde he nacido, he crecido, y vivo en la actualidad y no la cambió por nada en el mundo, pero esto no significa que mi ciudad sea perfecta, y que no haya cosas que mejorar.
Desde la democracia, han habido varios alcaldes y concejales, de distinto color político, y todos, sin ningún tipo de excepción, han contribuido para que Tarragona sea un lugar mejor, y si lo vemos de forma objetiva, podemos apreciar como ni con unos todo ha sido de color de rosa, ni con otros todo gris, a pesar de que cada uno quiera presentar su posición.
Ayer en TV3, el canal autónomico de Catalunya, echaron una película protagonizada por Kevin Costner, titulada “El Último Voto”, cuya sinopsis consiste en que por una cuestión azarosa, el último voto en una población de Nuevo México, debería decidir sobre el futuro presidente de Estados Unidos, ese último voto debía efectuarlo Bud Johnson (Kevin Costner), ya que debido a un error no había sido depositado… Aunque la cosa se complica con algún detalle más que otro, no es mi intención entrar a hablar sobre el film.
La película consiste básicamente en que los dos candidatos a la presidencia hacen campaña… pero con un solo candidato, tratando de convencerlo de forma totalmente agresiva (incluso cambiando aspectos de su programa electoral), con el maquiavélico resultado de tener el poder.
Imaginemos que cualquiera de los candidatos ofreciera trabajo indefinido a ese candidato, una buena casa, un buen coche, una vida solucionada para su hija, seguramente no lo pensaría ni dos veces, pero sería una simple compra del voto, porque después cada uno llevaría a cabo su plan dependiendo de sus intereses.
Ahí es donde entran en conflicto aspectos como el dinero y los ideales, que no siempre tienen que ser incompatibles, pero que en este caso podrían serlo.
Sin embargo estamos jugando con una posibilidad totalmente imposible en una democracia que se precie, que es dejar en manos de una sola persona una decisión como esta… sí es cierto, la mayoría de la población puede equivocarse, pero es maravilloso que esto sea así, y que cada individuo pueda decidir libremente desde su conciencia qué debe hacer o no.
Vivimos momentos complicados a nivel macro y microeconómico, y eso repercute en las diferentes acciones que gobiernos y unidades familiares se ven obligados a tomar para intentar solucionar esta situación de crisis, cada uno intenta hacer lo que puede, aunque ni todos tienen la misma solución, o las mismas ideas para hacerlo, ni existen fórmulas probadas, porque si no nos encontraríamos con 45 millones de ricos, y esto no es así.
Ahora el gobierno ha decidido subir el I.V.A. y en esto personalmente no estoy de acuerdo, y considero que es un error, que lo único que hará será frenar el consumismo, que no está precisamente acelerado, seguramente, los comerciantes, fabricantes y demás harán un esfuerzo por asimilar ese I.V.A., para que el consumidor no se vea afectado, ni condicionado a consumir menos.
Si de mí dependiera, en lugar de subir el I.V.A., hubiera grabado aún más el tabaco, el alcohol, o el juego, y hubiera mantenido el impuesto en bienes de primera necesidad como son los alimentos.
A los bancos y cajas, como gobierno, no les hubiera dado ni un céntimo, y hubiera gestionado directamente los créditos a través del ICO, empleando a las diferentes entidades como instrumento, y no como se ha hecho.
Si alguien que de economía sabe lo mínimo lo ve, y me refiero a los ciudadan@s en general, no sé porque razón los dirigentes, que se presupone tienen una formación y unos conocimientos más profundos en la materia no son capaces de atinar en este tipo de cuestiones.
Seguramente ninguno de los candidatos vendría a mi casa a tomar café y pastas a explicarme su magnífico plan (les abriría la puerta encantado, sin distinción alguna), a menos que yo tuviera precisamente en mis manos ese último voto decisorio.
